Hace muchos años, en Cobquecura, hubo una hermosa india de piel blanca como la nieve y de cabellos negros como la noche, todo en ella inspiraba amor, pero a ella no le atraían los hombre, sólo sentía adoración por el mar, se sumergía en él, dejándose arrastrar e imaginando que era acariciada por éste. El mar era su mundo, en el agua parecía transformarse, vivía plenamente, lo que no era así cuando salía hacia la orilla, era como si muriera, y que su vida quedara enredada entre las olas de ese mar que tanto amaba.
Había un indio que la quería y deseaba apasionadamente sin conseguir de ella ni siquiera una mirada.
Un día la vio desnudarse y sumergirse en el mar; fue a verla y enloquecido de pasión, quiso seguirla para aprisionar su cuerpo y maravillarse entre sus brazos, pero el mar se enfureció, y tiró al indio hacia la orilla, llevándose a la mujer sobre las blancas olas con encajes de espuma hacia su tribu gritando lo que había visto, volviendo luego con todos sus compañeros al lugar de la tragedia y tamaña sorpresa la que tuvieron al ver en el lugar donde había desaparecido la mujer, tres rocas parecidas a un castillo, emergiendo de las profundidades del mar, y sobre él una hermosa loba blanca tendida, mirando el agua.
Un viejo indio dijo que los ojos de la loba eran los mismos ojos verdes de la india que se enamoró del mar.
Por Luis Zamora Figueroa – Docente del Liceo Profesor Diego Misssene Burgos - Cobquecura |