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La Lobería
La loba blanca
La era de pullay
La sirena y el Cerro la Huacha
El Piuchén
Un perro blanco en la Reforma
Destrucción del puerto de Buchupureo
La iglesia de piedra
La serpiente de la iglesia de piedra
El entierro de la iglesia de piedra
Piedra la Seña
Los remolinos del guanaco
El diablo de la Candelilla
Los duendes del estero Coqueto
La cama del diablo
El arco de los enamorados
Las huellas de la carreta del diablo
La pata de la mula
Los piratas en Taucú
La playa Mure
Piedra las comadres
El salto del diablo
La sirena
La poza del carnero
Naufragio en Huilquicura
Piedra de la campana
La virgen de Santa Rita I
La virgen de Santa Rita II
La cueva de Huilquicura (de Santa Rita)
Las hadas de Santa Rita
Kakipeluka
Leyenda de Malalco
La laguna de Santa Cruz
Anécdota en la Lobería
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Con más de 50 kilómetros de costa de finas arenas grises, y un mar sin contaminación, Cobquecura es excelente para la practica de deportes náuticos como la pesca deportiva obteniendo buenos ejemplares de Corvinas, Róbalos y Lenguados, además de la práctica de surf y bodyboard. Se pueden apreciar a través de toda la costa formaciones rocosas espectaculares ubicadas a escasos metros del campo, lo que permite observar verdes parajes y ríos aptos para el baño y la pesca. Esto convierte a Cobquecura en un verdadero santuario de la naturaleza.
LA LOBERÍA:

Frente a Cobquecura, se hace visible la lobería, con sus tres islotes donde apaciblemente descansan los lobos marinos. Según la leyenda estos islotes formaban parte de un castillo. Cada uno tenía un nombre, el más grande era el "castillo", el mediano, "la cochera" y el más pequeño, "la perrera". El castillo era habitado por una reina famosa por su maldad y egoísmo; gustaba de burlarse de los mendigos que recurrían a pedir comida, la cual ella prefería dar a los perros.

Un día cualquiera, llegó al castillo una mujer que desesperada y hambrienta, rogaba la ayuda de la reina, pero esta, como de costumbre, no hizo más que entretenerse con el dolor ajeno. Ante tan cruel respuesta, la pobre mujer, con todo su dolor y humillación, profirió una maldición que salió de lo más profundo de su atribulado ser. Las proféticas palabras "ojala que algún día caigan rocas que tapen tu castillo, tu perrera y tu cochera y que todo se llene de agua" se cumplieron sin demora. Todos los habitantes del castillo se convirtieron e lobos marinos. La reina, en cambio, se transformó en una graciosa Loba Blanca, formándose así la lobería de Cobquecura.

Por Luis Zamora Figueroa – Docente del Liceo Profesor Diego Misssene Burgos - Cobquecura