En tiempos muy remotos, vivían en esta zona dos caciques muy poderosos: Name, que tenía sus dominios en lo que hoy es Cauquenes y Nogueche, en las márgenes del Itata.
Un hijo de este último se enamoró de una hija de Name y quiso raptarla, pero falló en el intento.
Se hizo acompañar de un famoso hechicero llamado Kakipeluka y fue hasta los reductos de Name a ofrecer por ella una buena dote, pero su padre la encontró de poca monta. No quería entregar a su hija en manos de un heredero de su enemigo de siempre. Por eso, puso como condición, que a de más de los animales y cereales ofrecidos, debía construir una laguna en la cima del cerro que hoy lleva su nombre.
Después de un tiempo, fue cumplido su deseo.
Pretendiente y hechicero, fueron nuevamente a visitar a Name para darle cuenta de que su pedido se había realizado, pero este negó una vez más a acceder a su solicitud.
Indignados ambos, se retiraron de su presencia y se dirigieron hacia la laguna, escondiéndose entre los matorrales.
No tardó en llegar Name con sus hijas a ver la laguna. Apretujándose entre ellas, la miraban asustadas.
Entretanto, la que había sido pedida en matrimonio, yacía acurrucada a la sombra de un maitén. Al verlas su padre, les insinuó que fueran a mojarse los pies y los cabellos.
La primera en salir presurosa fue la dolorida novia. Sumergió sus pies en el agua y comenzó a peinar sus cabellos. Pero, por arte de magia de Kakipeluka, debió seguir avanzando hasta el centro de las aguas, sumergiéndose lentamente, para no salir más.
Todos los años, cuando brilla la última Luna llena de Diciembre, se le ve aparecer en el centro de la laguna, acicalando sus cabellos, para desaparecer luego como una ilusión.
Por Ramón Orellana Yánez – Dueño de Cabañas Rucamar - Cobquecura. |