MB Turismo Rucamar Consultas
   
   
La Lobería
La loba blanca
La era de pullay
La sirena y el Cerro la Huacha
El Piuchén
Un perro blanco en la Reforma
Destrucción del puerto de Buchupureo
La iglesia de piedra
La serpiente de la iglesia de piedra
El entierro de la iglesia de piedra
Piedra la Seña
Los remolinos del guanaco
El diablo de la Candelilla
Los duendes del estero Coqueto
La cama del diablo
El arco de los enamorados
Las huellas de la carreta del diablo
La pata de la mula
Los piratas en Taucú
La playa Mure
Piedra las comadres
El salto del diablo
La sirena
La poza del carnero
Naufragio en Huilquicura
Piedra de la campana
La virgen de Santa Rita I
La virgen de Santa Rita II
La cueva de Huilquicura (de Santa Rita)
Las hadas de Santa Rita
Kakipeluka
Leyenda de Malalco
La laguna de Santa Cruz
Anécdota en la Lobería
Ver todos las leyendas
Con más de 50 kilómetros de costa de finas arenas grises, y un mar sin contaminación, Cobquecura es excelente para la practica de deportes náuticos como la pesca deportiva obteniendo buenos ejemplares de Corvinas, Róbalos y Lenguados, además de la práctica de surf y bodyboard. Se pueden apreciar a través de toda la costa formaciones rocosas espectaculares ubicadas a escasos metros del campo, lo que permite observar verdes parajes y ríos aptos para el baño y la pesca. Esto convierte a Cobquecura en un verdadero santuario de la naturaleza.
LA ERA DE PULLAY:

En Pullay, al dueño de los trigales más hermosos del lugar, solía vérsele cada tarde poco antes de la puesta de sol, cabalgando fusta en mano su caballo negro para recorrer orgullosamente sus trigales, los que parecía atrapar al sol por su brillante amarillo oro. Cierto día les ordena a sus trabajadores que en tres días más haría una trilla; de inmediato entre aquellas gentes surgieron miradas y murmuraciones de desacuerdo, ya que la fecha indicada era el 2 de febrero "el día de la virgen de la candelaria" que desde mucho tiempo se respetaba dedicando el día a la meditación y no al trabajo. El patrón, hombre poco creyente, siempre decía eran sólo tonterías y sin hacer caso de las advertencias de la gente ordenó los preparativos para la trilla.

Las mujeres con sus típicos trajes, iban de un lado a otro sirviendo la chicha, mistela y del otro; los caballos azuzados por los inquilinos daban vueltas y vueltas pisoteando las doradas espigas, desprendiendo el trigo desde ellas al compás de los gritos ¡a yegua, a yegua..! Todo era alegría y sudor, las cantoras con sus cuecas y tonadas y la chicha animaba hasta a los más quedados, ¡ a yegua, a Yegua..!. A eso del medio día se escucha un ensordecedor ruido a la vez que la tierra tiembla y se habría tragándose a todo lo que se movía: chiquillos, carretas, mujeres, hombres, caballos y cuanto había. El patrón intenta arrancar a caballo, pero éste tropieza hundiéndose junto a su dueño el que parecía a ferrarse a su fusta, como a su vida. Al rato ya nada quedaba, una gran calma invadía a los campos, el agua brotaba poco a poco transformando la era en una pequeña laguna.

Por Luis Zamora Figueroa – Docente del Liceo Profesor Diego Misssene Burgos - Cobquecura.