Cuentan que al internarse por entre los matrorrales que rodean al estero “Coqueto” en San Ramón (en él, antiguamente, se extraía oro por medio del chayado) se escuchan gritos y voces que aterrorizan a la gente y espanta a los animales, ya que en un recodo y en el lecho del riachuelo existe un entierro consistente en oro, el que cuidan esmeradamente unos duendes. Por tal motivo nadie ha podido encontrar preciado entierro. Cuando los duendes se descuidan un poco el oro comienza a escurrir lentamente por el agua, y esto es el poco material que logran capturar los improvisados mineros con sus rústicas chayas.
Por Luis Zamora Figueroa – Docente del Liceo Profesor Diego Misssene Burgos - Cobquecura. |