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HISTORIA DE COBQUECURA, I PARTE.

Por datos obtenidos de informaciones tradicionales, se le atribuye a Cobquecura un origen  aproximado al año 1425. Se presume que los fértiles prados y cristalinas aguas de “Los Cuartos Verdes” incentivaron a los Picunches a refugiarse y vivir en ellos.

Nombrar Picunches y no Araucanos, obedece a que eran ellos los legítimos habitantes de estas tierras. Sus dominios se extendían desde Choapa hasta el río Itata.

La etimología de la palabra proviene del vocablo Picun, que significan Norte y Che, gente; o sea, Gente del Norte.

Así como los vocablos Cofque o Cobque significan Pan y Cura Piedra, sirvieron para denominar a la tierra que hoy nos ocupa.

Los estudiosos de la antropología mapuche pensaron que podría haber tomado el nombre de un pan hecho en piedra conocido como “Catuto”. Se decidió, por fin atribuirlo a las piedras que, como panes, servían para levantar pircas.

Los muros divisorios se aprovecharon también como refugio  contra los embates de la naturaleza. De ahí que muchas construcciones aún conservan las primitivas características aborígenes.

De los personajes destacados que recuerda la historia, está el Cacique Alejandro Picero Carampangue. Muchas son las actividades que pudo haber realizado: como fundador y diseñador del plano del pueblo, confeccionado o copiado de la desaparecida Pienco.

Las tierras del cacique Picero y pobladores inquilinos correspondían a una parte de las encomiendas de doña Inés de Suárez y en virtud de habérsele reconocido favorablemente sus títulos en las propiedades rurales de Cobquecura, el cacique Picero concedió a gratuidad, testamentareamente, los terrenos que ocuparían las calles, los de la iglesia Parroquial, de la Plaza de Armas y del Cementerio local entre las calles Independencia, Carrera, Balmaceda y Arturo Prat, que reemplazaría el del Panteón Indígena, en retribución a la Real Audiencia de Concepción, lo que ocurrió el 11 de Enero de 1575, según el acta de Fundación del Pueblo de Cobquecura, considerándosele por esto ciudadano benemérito e hijo ilustre, además de otorgársele el título de fundador.

De rostro ancho, severo, de color mate, desbarbado, alto, corpulento, lucía en sus orejas dos pendientes de oro fino. Dos bellas aborígenes peinaban su cabellera que caía hasta más debajo de las corbas y en ocasiones hasta dos trenzas acostumbraba. También se decía que era el más inteligente y rico de la región. Que su comercio de cochayuyo proveía los mercados de Concepción, a los cuales llegaban con una grande y numerosa recua de burros.

Estas condiciones le prodigaron el cargo de Juez y representante de la Real Audiencia. Ejercía la justicia utilizando un báculo de mando, con empuñadura confeccionada en oro macizo de los más puros quilates. Junto con el bastón de mando, mantuvo en su poder el acta de fundación de Cobquecura, escrita en cuero de lobo marino.

Gordo y de edad en sus últimos años murió súbitamente subiendo a pié por el camino del Bosque Yahualqui a raíz del anuncio de una salida de mar.

Es posible que algunas acciones se le atribuyan confundidas con la falta de datos escritos y que el tiempo hubiese trastocado en un entretenido anacronismo. Esto se podría probar, pues los pocos ancianos residentes, alcanzamos a conocer a sus cercanos parientes como doña Vitalina Picero y a los pocos descendientes que viven en estas tierras.

Copia de la real cédula en el Gobierno de la República fue despachada y recibida en Cobquecura por funcionarios de la aldea con expresas instrucciones de hacer su entrega en la primera sesión inaugural de incorporación la muy ilustre municipalidad de Cobquecura en cabildo abierto en la plaza pública, en la persona de la joven Vitalina Picero, a la sazón heredera de los bienes raíces y del bastón de mando de su antepasado.

Texto original de Ramón Orellana Yánez, Dueño de Cabañas Rucamar.

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